Un dato y salvaré el mundo

De la catástrofe de Crimea, una persona regresó famosa, admirada por su país. No fue un general, ni un soldado, sino una mujer.

Más o menos con esas palabras arranca una de las varias películas que se hicieron sobre esta mujer. La Dama de la Lámpara. La Gran Administradora de Hospitales. Una mujer de buena familia que tuvo la suerte de recibir una educación cuando ninguna otra mujer la recibía. Una educación con la que tuvo la oportunidad de cambiar el mundo. Una oportunidad que no desaprovechó. Esta pretende ser la historia de Florence Nightingale y de cómo usó las matemáticas y los números para poner fin a una catástrofe humanitaria.

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Todo hay que decirlo. Me encontré con su figura por casualidad. Durante una charla de Marcelo Soria-Rodríguez (analista de datos de BBVA) en la Big Data Week de Barcelona. Pero esa es otra historia. Al lío.

En octubre de 1853 estallaba la guerra de Crimea -península del Mar Negro de vuelta a la actualidad por el conflicto de Ucrania- entre la Rusia zarista y una alianza entre franceses e ingleses. Occidente defendía la plaza seguro de su superioridad ante la tiranía del Zar. Pero antes del primer verano, más de 4.000 soldados británicos habían muerto en los hospitales de campaña.

Florence Nightingale creía por aquel entonces que Dios le había hablado. Y le había dicho que dedicase su vida a salvar el mundo. No vamos a entrar en si esto era verdad o era una forma de escapar de la opresión de una familia victoriana de clase alta. El caso es que su padre, un escéptico convencido, le había enseñado latín, griego, literatura y matemáticas, algo muy inusual en su época. Y ella decidió seguir estudiando. Dedicó su vida a la enfermería y pasó de casarse y atender salones de té hasta el fin de sus días.

Cuando Nightingale desembarca en Turquía, en la retaguardia del ejército aliado, pronto se da cuenta de que la situación es un desastre. “Las barracas llenas de heridos, plagadas de pulgas, piojos y ratas, bajo el mismo edificio existían fosas sépticas cargadas de suciedad, y las emanaciones llegaban por los conductos de las numerosas letrinas cerca de la barraca”, escribe Eliseo Martínez, matemático y profesor de la Universidad de Antofagasta, en Chile.

Científica convencida, creía que la observación del ambiente, los síntomas del enfermo y las negligencias que se producían a su alrededor eran fundamentales para poder curar. Y se puso manos a la obra.

Diagrama de Nightingale

De sus manos surgió esto: un diagrama de áreas polares, una versión del típico gráfico de pastel. Uno de los primeros de la historia. Nightingale lo inventó -o lo perfeccionó, depende del historiador que se consulte-. Aquí se reflejan todas las bajas ocurridas en un periodo de tiempo, representado en el círculo, y en cada segmento las causas que más impacto han tenido en las muertes. Un simple vistazo permite comparar muchos datos. Pura estadística, puros datos. Big data rudimentario y hand-made.

Resultó que la mayor parte de las muertes en el ejército británico eran evitables. No tenían que ver con heridas de guerra, sino con lo que ella llamaba enfermedades mitigables o prevenibles. En su diagrama, la realidad se reflejaba de forma clara, y esto ayudó a cambiar las mentes de muchos.

De hecho, algunos estudiosos afirman que el éxito de Nightingale no se debe tanto a sus capacidades matemáticas. Si no a su capacidad de plasmar los datos en gráficos y convencer a quien la escuchase de que llevaba razón.

Nightingale demostró todo lo que la ciencia podía lograr si registraba, ordenaba, codificaba, analizaba y sintetizaba bien grandes conjuntos de datos de los que después extraía conclusiones. Demostró también que una sola mujer podía convencer a todo un parlamento británico de que se estaban haciendo las cosas mal. Por convencer, convenció incluso a la mismísima reina Victoria. Y demostró que, mientras tanto, por las noches, todavía podía visitar a los soldados heridos, lámpara en mano.

Una vez terminada la guerra, su trabajo estadístico se utilizó en la reforma del sistema sanitario de Reino Unido y sus métodos se aplicaron para el control de epidemias.

Fue la primera mujer miembro de The Statistical Society y fue elegida miembro de honor de la American Statistical Association. La reina la cubrió de medallas y honores. Y su labor inspiró el Juramento Nightingale que muchos enfermeros recitarían durante años antes de empezar a ejercer. Sobre ella se escribieron canciones, obras de teatro y se rodaron películas. Y aún así, algunos escuchamos su nombre por primera vez hace una semana.

peninsula-crimea

Esta ha sido una historia de ciencia. Una historia de feminismo -aunque Nightingale no quiso participar del incipiente movimiento para lograr el derecho de la mujer a votar-. Una historia de números, países lejanos, rebeldías y aventuras. Vamos, lo que se llama una buena historia.

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